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ESTUDIOS PÚBLICOS

que no dependen de otros. La fortuna, figura femenina, es caracterizada en
directo contraste como una fuerza independiente, siguiendo la tradición
latina que le asigna una naturaleza divina6. Maquiavelo utiliza esta imagen
de la diosa fortuna para representar los embates azarosos del destino. El
hombre virtuoso es aquel que es capaz de combatir a la diosa Fortuna y
limitar al máximo su injerencia sobre las cosas humanas. La fuerza de la
fortuna, sin embargo, es sólo parcialmente contenible; está siempre al acecho, siempre a la espera de una oportunidad para descarrilar los proyectos
humanos, incluso aquellos de los hombres más precavidos. El pesimismo de
Maquiavelo es en este sentido profundo, aunque no abyectamente desconsolador. Vale la pena citar el conocido pasaje en el que Maquiavelo da
cuenta de la potencia de la fortuna.
No obstante, puesto que nuestro libre albedrío no se ha extinguido,
creo que quizá es verdad que la fortuna es árbitro de la mitad de
nuestras acciones, pero también es verdad que nos deja gobernar la
otra mitad, o casi, a nosotros. Y la comparo a uno de esos ríos
impetuosos que cuando se enfurecen inundan las llanuras, destrozan
árboles y edificios, se llevan tierra de aquí para dejarla allá; todos
les huyen, todos ceden a su furia sin poder oponerles resistencia
alguna. Y aunque sea así, nada impide que los hombres, en tiempos
de bonanza, puedan tomar precauciones, o con diques o con márgenes, de manera que en crecidas posteriores o bien siguieran por un
canal o bien su ímpetu no fuera ni tan desenfrenado ni tan peligroso. Lo mismo ocurre con la fortuna que demuestra su fuerza allí
donde no hay una virtud preparada capaz de resistírsele; y así dirige
sus ímpetus hacia donde sabe que no se han hecho ni márgenes ni
diques que puedan contenerla7.

La virtù es por lo tanto también la capacidad de prever los vericuetos de la fortuna y prepararse para sobrellevarlos, es decir, una peculiar
versión de una de las virtudes más tradicionales: la prudencia. De hecho,
como anota Skinner, “la Fortuna se siente impelida a la ira y al odio sobre
todo por la falta de virtù. Lo mismo que la presencia de la virtù actúa como
un dique frente a su embestida, del mismo modo siempre ‘dirige sus ímpetus hacia donde sabe que no se han hecho ni márgenes ni diques que puedan
6 Maquiavelo, sin embargo, le asigna a la fortuna cualidades bastante menos positivas que sus precursores latinos, siendo incluso, por momentos, maligna. Aunque el uso de la
categoría fortuna en Maquiavelo tiene sus orígenes en la antigüedad latina, “[...] los moralistas romanos nunca habían pensado que la Fortuna fuera una fuerza maligna inexorable. Por el
contrario, la describían como una buena diosa, bona dea, y como un aliado potencial del que
bien vale la pena atraer la atención”. Skinner (1995), p. 37.
7 El Príncipe (1993), p. 103.